Las “soleares” de Ignacio Tovar

La obra “Manolo Caracol” del artista sevillano se encuentra en la colección de La Fundación Canaria Para el Desarrollo de La Pintura.

Ignacio Tovar (Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1947) lleva más de cincuenta años realizando pinturas y recientemente también abarca la fotografía. Constante, sus obras rebosan optimismo, y piensa que todas sus creaciones han sido totalmente necesarias, para que cada una diera pie a la siguiente.

El principio de los setenta fue una etapa donde el artista, autodidacta, estará en permanente contacto con los ambientes artísticos de la ciudad de Sevilla. En 1973 será distinguido por Juana de Aizpuru para exponer en su galería de Sevilla como seleccionado en el primer concurso para artistas jóvenes que había convocado. Muy importante para el artista será el viaje que realiza en 1974 donde visitó la Tate Modern de Londres, donde le impresionaron de tal modo los cuadros rojos oscuros de Mark Rothko como Red on Maroon(1959) o Light Red Over Black(1957).

El artista Ignacio Tovar posando con una de sus obras.

En el año 1977 dos hitos marcarán su carrera artística, su primera exposición individual en la Galería Juana Aizpuru de Sevilla y la concesión de una beca de una estancia en la Casa de Velázquez de Madrid. A principios de los ochenta, Tovar tendrá un periodo de exploración que le lleva a probar diferentes posibilidades y construye nuevas soluciones plásticas, con capas más acuosas y rompiendo la simetría, que le permiten mayor libertad de composición. A mediados de la década de los ochenta fue nombrado responsable de exposiciones del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, impulsando la carrera de creadores como Guillermo Paneque, Curro González, Federico Guzmán o Salomé del Campo.

Las obras de los finales de los ochenta de Tovar son más figurativas debido a los movimientos europeos del momento, donde el artista se centra en la investigación entre el hombre y la naturaleza evitando la mera representación paisajística. Pero el año realmente clave en su carrera será el 1987 cuando la United States Information Agencyle conceda una beca para estudiar algunos meses en EEUU, y así pueda admirar de primera mano las obras de los expresionistas americanos que tanto le entusiasmaban.

Imagen de una obra del artista en su exposición en el CAC de Málaga.

La pintura de Tovar es milimétrica, con unas líneas perfectas que hace a mano y realizadas a base de pigmentos de mucho color. «Algunas veces me salgo de la línea. En Navidades tiraban cohetes, me pegaban sustos y me salía de la línea que luego tenía que rectificar. Igual me pasa cuando tocan al timbre, pego un salto y me salgo de línea», comentaba a modo de anécdota.

Sobre la forma de escoger los títulos de sus obras, desde el 2001, Ignacio Tovar admite que mientras escucha música, escribe en una lista los versos que le parecen mejores como títulos de cuadros, llegando a tener una lista enorme. Titula sus obras con versos de soleares, si la obra es de pequeño formato y con nombre de cantaores y de bailaoras si son de mayor. Es así como se títula la obra de la colección de La Fundación Canaria, “Manono Caracol.” Las líneas recorren el espacio del cuadro cambiando constantemente de dirección, como un río que se mueve lentamente por una llanura o una corriente marina que se va adaptando a la forma de la costa.

“Manolo Caracol”, 2004, íptico de 195 x 300 cm. Pigmento acrílico y látex sobre tela. Obra de la Colección FCDP.

Para pintar, posiciona el cuadro tendido en horizontal una vez realizado todo el dibujo de líneas que marcan el ritmo de la obra, empapa con agua la tela, y aplica una capa de pintura. Tras esto, una vez seca, vuelve a repetir aplicando más pigmentos donde cree conveniente y así poco a poco hasta que logra una atmósfera que le satisface. Las líneas de color más fuertes las pinta a posteriori y en ocasiones vuelve a aplicar pintura encima para envolverlo todo en la misma atmósfera. Al principio utilizaba pigmento y látex, con el tiempo óleo y finalmente volvió a los pigmentos que le dan una superficie mate que permite ver la trama de algodón cuando se mira de cerca y pensar que la superficie es blanda y suave, aterciopelada. Esta justificación sirve al artista como hilo argumental como pretexto para desarrollar una pintura en la que trata de crear una atmósfera y un espacio para que a través de la sugerencia, el espectador pueda dar rienda suelta a sus propios pensamientos mientras su vista recorre los detalles de la pintura.

Su trabajo está presente en las colecciones del Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca; Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla; Colección Fundación Caixa de Pensiones, Barcelona; Biblioteca Nacional, Madrid, Banco de España, Madrid o en el Museo Patio Herreriano, entre otros.

 

 

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