El renovado pasado de Carlos Correia

La obra “Sin título (Acontecimiento #028)” del artista portugués, pertenece a la colección de La Fundación Canaria Para el Desarrollo De La Pintura.

Carlos Correia nació en Lisboa en 1975, y pronto se marchó con 43 años en mayo de este año. Considerado uno de los artistas con mayor futuro en el arte contempóraneo, su trabajo comportaba un enorme eclecticismo de referencias, que dividen, en una primera mirada, sus pinturas en “interiores” y “exteriores”.

Lo que Carlos Correia proponía es una relectura de los presupuestos teorizados y puestos en práctica por Eisenstein, teniendo en cuenta las alteraciones necesarias de la transformación del lenguaje cinematográfico al lenguaje pictórico que esto implica.

“Sin título (Acontecimiento #028)”, 2009, obra de la colección FCDP. 

Carlos Correia solía trabajar por series y adoptar, según fuera preciso, la técnica, el soporte, las dimensiones e incluso, por decirlo así, el “estilo”. De esta forma, en su trabajo es constante la tensión entre las preguntas que surgen a raíz del motivo que representa y la forma en la que se representa, y presenta ese motivo. Dado que producía las series en paralelo, no se queda anclado en lo que podría denominarse un “periodo” o “fase”.

Dentro del conjunto de las series, se puede percibir una ruptura fundamental: el abismo que se abre entre las “pinturas exteriores” y las “pinturas interiores”. Se puede decir que las “pinturas exteriores” parten de imágenes preexistentes, en contraste con las “pinturas interiores”, que se originan para construir un discurso poético, por lo que no utilizan ningún referente del mundo visible.

“Supervivencia”, obra de Carlos Correia.

En las “pinturas exteriores”, el artista explora un abanico de intereses y preocupaciones. Algunos de ellos son inherentes al mismo quehacer de la pintura; otros brotan de una observación del mundo muy particular. La referencia a obras de arte de un pasado más o menos cercano es uno de los mecanismos más recurrentes que utilizaba Correia. Lo que le interesaba a Carlos Correia en esa referencia es la posibilidad de reescribir la historia, en especial, la historia del arte, pero no sólo eso; el artista hacía una cosa más: “renovaba” el pasado, poniendo frente a frente los contenidos del pasado y los de la actualidad para conseguir un “desplazamiento”. Desplazamiento en dos direcciones: desde el pasado hasta el presente y viceversa. Cuando sucede, este desplazamiento duplica el espacio de representación. El presente pasa así a definirse como el eje temporal alrededor del cual gira todo.

“Sin título (OIL # 007)”, 2008, acrílico sobre tela. 

Sin embargo, esta pasión por la tradición es una muestra más de que el artista no se había quedado nostálgicamente en el pasado porque, para Correia, la referencia a la historia cobraba todo su sentido únicamente cuando se planteaba en contraste con la actualidad. La conservación de las singularidades de cada obra es un factor siempre presente en el proceso de trabajo de este artista, ya que, la conexión de esas singularidades en un plano de consistencia sólo tiene lugar una vez que cada una de ellas existe como obra singular.

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