La gran fuerza creadora de Jorge Galindo

Jorge Galindo, Madrid, 1965, considera los Talleres del Círculo de Bellas Artes de la capital, su verdadero comienzo como pintor.  Varias obras del artista madrileño pertenecen a la colección de la Fundación Canaria Para el Desarrollo de la Pintura.

Galindo practica una pintura cercana a la abstracción gestual, en la que el azar y los aspectos matéricos cobran una especial relevancia. Desde 1990 empieza a experimentar con fotomontajes en los que utiliza imágenes de revistas de los años cincuenta y sesenta y en los que late una crítica a la sociedad de consumo y a la pornografía. Se trata de obras de pequeño formato que sirven de contrapunto a sus enormes lienzos y que irán ganando en protagonismo, llegando a ser determinantes en la concepción de su pintura.

Su obra enmarcada bajo los preceptos de una cierta abstracción gestual y operadora pertinaz del gran formato, ha estado determinada por un obsesivo ejercicio de la técnica del collage que ha acabado por definir los pilares que sustentan, por un lado su acción pictórica, y por otro, su compresión de la imagen.

Sus primeras producciones se interesaron más por los aspectos materiales y táctiles: mediante el uso de lonas, arpilleras o materiales de desecho, o incluso sustituyendo el soporte habitual del lienzo por maderas, toallas o mantas, se enfrentaba a la pintura de un modo casi físico. Sus pinturas y collages creados por series bien definidas podrían interpretarse como una serie de ironías acerca de la propia pintura como objeto genérico burgués.

La Fundación Canaria Para el Desarrollo de la Pintura posee obras de Galindo pertenecientes a distintas etapas, de los años 90, esas manchas expresionistas que tanto le caracterizaron, del año 2005, este rostro femenino donde modifica la imagen con la dislocación y la tergiversación producidas por los múltiples ojos; una iconografía derivada de una manera particular de collage, queriendo presentar un mundo camaleónico. Su propósito esencial no es representar una realidad objetiva y estable, sino asegurar que lo formal tenga prioridad sobre lo mimètico. Todo ello, predispuesto a la anomalía, abier­to al cambio, embarcado con gusto en un proceso de mutación. Y otra de ellas, es la obra del año 2014, perteneciente a la serie Money Painting, donde Galindo habla del futuro como abstracción, y de la pintura como fantasía. El artista vuelve a una abstracción gestual basada en materiales de desecho pero intentando no perder la carga alegórica de sus collages. En cierta medida sus cuadros actuales son también collages, pero los recortes que utiliza no son imágenes de mujeres provocadoras, sino virutas de papel moneda, dando aspecto de serrín o paja al lienzo.

La medida que propone Galindo para vivir la realidad es la ironía, la  ironía de Galindo asume y responde a la vez a la pluralidad disyuntiva del mundo que nos rodea. Galindo reclama un cambio en nuestras suposiciones , un cam­bio que amenaza la integridad de lo que ya de por sí es un mundo fragmentado. Pretende este gran artista, “movilizar” desde su arte.

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