El “juego narcisista” de Julio Galán

La obra “Matina de Gato”, 1999, perteneciente al artista, forma parte de la colección de La Fundación Canaria Para el Desarrollo de la Pintura.

Julio Galán, (México 1959-2006), destaca por haber renovado el panorama de las artes plásticas mexicanas de los años 80. La obra de Galán se caracteriza porque retoma el nacionalismo pero con los ideales mexicanos exentos de idealización, él los lleva a una realidad que toca el drama, el humor, el sarcasmo y lo cotidiano, con una fuerte carga de vanidad. Su pintura de  trazos gruesos, colores opacos y cuestionamientos profundos del yo, caracterizan su obra. Fue cabeza de dos de las corrientes artísticas más importantes del país azteca: el neomexicanismo y el arte gay.

“Matina de Gato”, 1999, mixta sobre papel, obra perteneciente a la colección de la FCDP.

Julio Galán era considerado “el niño terrible de la pintura mexicana”. En las obras de Galán podemos ver, además de su propia historia, una historia íntima y muy personal,  las múltiples formas que adopta la subjetividad en su constitución y la emergencia del cuerpo como sujeto y objeto del discurso y del deseo. Galán expone en sus obras, una mirada a través de sus imágenes, donde el reflejo de una con otra, sumerge al espectador en su propia demencia, su “juego narcisista”; donde el cuerpo diverge en objeto de culto, de amor, de pasión… El artista representa el cuerpo como una alegoría de los conflictos que el sujeto tiene con el otro, siendo esta representación, un símbolo de emancipación sexual, de raza, de ideologías religiosas, una defensa a la individualidad, al ser universal, único y sin binarismos.

“Me quiero morir”, 1985, obra de Julio Galán donde se muestra él mismo encadenado.

Pintura engañosa y subversiva, que causa adicción, y donde repite sus temas y los transforma hasta volverlos irreconocibles. Galán mezcla con gracia y sabiduría, los mitos y las referencias nacionales, el teatro y la sinceridad, la sexualidad, sensualidad, el transformismo y la trasparencia. Primordialmente trabajó el autorretrato, era como un teatro bidimensional, podríamos decir, cargado de elementos de la cultura homosexual, ya que Galán no sólo no ocultó su homosexualidad, sino que la hizo evidente llegando a veces al travestismo. Lo que caracteriza siempre su obra es que haya presente un fuerte elemento provocador.

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