Laura González: “Al final debes preservar el placer de seguir pintando, al margen de lo que ocurra a tu alrededor”

Laura González Cabrera, 1977, Las Palmas de Gran Canaria; ya desde pequeña se entretenía con un lápiz y un papel, con 5 años los Reyes Magos le regalaron su primer caballete, y ya adolescente con su dinero se pagó sus primeras clases de pintura. Iba para arquitecta, pero una exposición en el Escorial y su pasión por pintar, la llevaron a estudiar Bellas Artes. En el 2007 una obra suya fue seleccionada por Caja Madrid para participar en una exposición colectiva dentro del proyecto Generaciones, y eso le dio el impulso que necesitaba para proyectar su carrera.

¿Cómo te planteaste tu futuro cuando acabaste Bellas Artes?

Cuando acabé la universidad vi que iba a ser muy difícil procurarme un espacio para pintar, cuando sales de la facultad te quedas en la intemperie, sin espacio, sin dinero, sin trabajo… Mis objetivos eran ser autónoma y tener un espacio para pintar, y si conseguía esas dos cosas seguiría pintando.

Tú compaginas el trabajo de maestra con el de pintora, ¿te gustaría dedicarte sólo a pintar?

Me gustaría por una parte sí y por otra no, por cuestión de tiempo y salud, sí. Porque haciendo las dos cosas tienes que sacrificar mucho de tu vida personal, por cuestión de tiempo; pero por otra parte pienso que uno a través de cualquier profesión, incluido el arte, es mejor cuando el beneficio que obtienes de ello va más allá de uno mismo. Yo con la enseñanza, creo que los beneficios de mi práctica los pongo a disposición de otros. Además así salgo de la soledad de la práctica, porque los artistas cuando creamos estamos solos, aislados.

Etapas de tu pintura.

Dos etapas, y ahora estoy en la tercera. La primera fue cuando era estudiante, pasé por 2 universidades distintas, y cogí todas las asignaturas orientadas a la pintura. De los 18-25 años, fue poner en práctica todo lo que había aprendido…pero con un caos mental considerable. Del 2000-2005, pasé estos cinco años desintoxicándome de lo de la universidad, sin encontrar lo que quería pintar. Eran cuadros de búsqueda, hasta que encontrara algo que tuviera sentido para mí. A partir del 2006, empecé con los primeros cuadros de palabras, fue algo instintivo. En el 2007 mandé un cuadro a Madrid, a Caja Madrid, a Generaciones, y me seleccionaron. Me acuerdo que me costó un pastón mandar el cuadro. Tuve una exposición itinerante con todos los artistas seleccionados, y la verdad que a partir de ahí fue cuando cogí mucha confianza en mí misma, que  la necesitaba en esos momentos. Ahora estoy en la tercera etapa, en una evolución más encriptada de estas letras, me he dado cuenta con mi trabajo, de la conexión que tiene la comunicación con otros sistemas de pensamiento, con procedimientos de otras disciplinas como arquitectura, música, diseño, etc. Amo la palabra, por eso la pinto, me gusta indagar en las formas de comunicación que propone el arte, escondiendo palabras, estudiando formas de codificación, encriptación; y cómo se traslada un sonido a una forma.

 

Obra "You have nothing to say", seleccionada por Caja Madrid.
“You have nothing to say”, 2006, óleo sobre lienzo, obra seleccionada por Caja Madrid.

 Y después de tu selección por Caja Madrid, qué ocurre.

A raíz de este proyecto me llama una galería de Madrid para exponer y piensas, bueno algo habré hecho bien; y empezó gente a interesarse por mí, no fue algo masivo, pero sí fui fluyendo. Entré a trabajar en el centro de arte La Regenta, hice una exposición colectiva en el Centro Atlántico de Arte Moderno, CAAM; donde hice un cuadro de 6 metros que gustó mucho. Me empecé a dar cuenta de las posibilidades de mi trabajo, que gustaba y que podía encajar, y así me fui haciendo un hueco en el panorama artístico. Pero si algo tengo claro es que no puedes crear en función de lo que sucede fuera, es un error. He tenido momentos de éxito y a lo mejor las obras no eran las que más me gustaban, o lo contrario, pones mucho de ti en una serie de obras que haces y no son tan valoradas. Al final debes preservar el placer de seguir pintando, al margen de lo que ocurra a tu alrededor. Para mí el éxito es poder seguir preservando este espacio donde puedo hacer lo que quiero, puedo encontrarme conmigo, y además puedo compartirlo con los demás.

Define tu pintura.

Minimalista, abstracta lírica, incluso barroca, de lo que  me gusta rizar el rizo. No hago lo que más me gusta, sino lo que siento. Hay cosas que me encantan que jamás copiaría, son intocables. Es más lo que más me gusta nunca lo haría. No voy a una exposición a buscar referencias. Las que son afines a ti se te pegan sin tu mediarlas. De dentro para fuera, así es mi pintura, refleja lo que soy.

Laura en su estudio, con las nuevas obras que está realizando.
Laura en su estudio, con las nuevas obras que está realizando.

¿Cómo crees que debería ser un coleccionista?

Creo que un coleccionista debería comprar en base a lo que le transmiten las obras, al margen del autor. Creo que el buen coleccionista va educando el ojo y hasta el propio corazón, basándose en la experiencia, y esa educación le hace sentir las obras de diferente manera.

Las críticas cómo las encajas

Pues yo creo que las críticas reflejan mucho de quien las escribe, sus experiencias vitales, sus gustos, etc, y puede ser que encaje o no con tu trabajo. Yo encajo bien tanto las positivas como negativas siempre que estén argumentadas. Creo que todo debe ser aceptado, pero debes seguir fiel a lo que quieras hacer, al margen de que guste o no a los demás.

 

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